Al grito de ¡Justicia digna ya!, y con base en la Ciudad de la Justicia de Valencia, se ha constituido una especie de plataforma encabezada por un sindicato representativo al que ya se ha sumado al menos otro. Sus planteamientos tienen cierta credibilidad y sus reivindicaciones son justas.
La única duda que me invade, es que se trata de sindicatos que se han significado políticamente de forma clara, y en estos casos la experiencia siempre me dice que hay que andarse con cuidado.
Lo que no se puede negar es que este movimiento surge por que se producen una serie de situaciones cuando menos indignantes para los funcionarios judiciales, que quién debe no ha sabido encauzar. Quién recibe la confianza del electorado, es sin duda quién ha de llevar la iniciativa porque de lo contrario se arriesga a perder aquélla, y mal que me pese he de admitir que únicamente la falta de liderazgo, tanto en la acción como en la búsqueda de soluciones, es la semilla de todo esto.
Es cierto que la Administración Valenciana al igual que todas las demás del Estado, tienen las arcas llenas de telarañas, pero no lo es menos, que cualquier país que pretenda gozar de un mínimo de credibilidad ha de contar al menos con un sistema judicial eficaz y fiable, significando por lo tanto un buen lugar donde invertir, en lugar de tenerla por la hermana pobre de toda la Administración.
En cualquier caso, y siempre desde la unidad sindical, únicamente una posición sindical verdaderamente independiente, sin ataduras ni peajes que pagar; profesional, que sepa lo que lleva entre manos; y manejada únicamente por funcionarios judiciales sin ingerencias ajenas, puede llevar esto a buen puerto.