Estos días la prensa no trae buenas noticias para los funcionarios. Al anuncio de recortes del Govern Català, se suma ahora el del Gobierno Vasco. A esto le sigue el fuerte rumor extendido en otros sectores de la función pública de nuestra Comunidad de que o no cobraremos la paga extra o al menos su percepción sufrirá un cierto retraso.
La verdad es que vistas las peripecias que está llevando a cabo el Consell en los últimos tiempos a fin de ahorrar dinero, resulta más que evidente que existe una tremenda falta de liquidez, y de que se lucha a muerte a diario parta poder terminar el año. Por eso toda esa rumorología de los últimos años de que no se iba a cobrar la paga de diciembre, fundamentadas en nada, ahora parece que suenan con ciertos aires de credibilidad.
Uno es malpensado genético, y cuando se anunció por el Conseller de Hacienda y Administración Pública que la Generalitat no iba a recortar el sueldo a sus funcionarios, inmediatamente me vino a la cabeza si no estarían pensando en que el nuevo Gobierno salido de las urnas el pasado 20N, no adoptará la populista medida que acaban de tomar los Gobiernos Catalán y Vasco, porque entonces recortarán y además no habrán faltado a su palabra. Presiones en ese sentido ya existen.
Únicamente me cabe la duda de la seriedad que quieran mostrar unos u otros. Me refiero al Gobierno central actual y futuro, y al autonómico, que saben perfectamente que esa medida les pueda sentar bien a corto plazo, pero muy mal a medio y largo plazo, porque la salida de esta crisis pasa por el empleo, y éste ahora mismo depende casi exclusivamente del consumo. Todos sabemos que a menos renta, menos consumo. Es fácil de entender si tus únicos ingresos son una nómina. Dependerá también mucho de la contestación que tengan aquéllos.
En fin, que casi mejor no endeudarse demasiado de cara a las próximas fiestas navideñas por si acaso la paga no llega o no llega en su momento. Lo mismo cabe decir de la acción social. Resulta cuanto menos curioso que los listados provisionales se hayan publicado el último día laboral antes de las elecciones. Lo que no sabemos es cuando cobraremos o si cobraremos. Yo espero, como siempre, que ese dinero me pese en el bolsillo como a otros 2000 compañeros.