Andan un poco calentitos los compañeros de Orihuela, o al menos algunos de ellos, porque tras un invierno pasando más frío del necesario, ahora se ven obligados a trabajar a más de 30 grados de temperatura, en una primavera bastante calurosa. O al menos eso me cuentan en un correo del día de ayer (por hoy, hace dos días). No sé si ha habido reacción por parte de la Administración, aparte de la indignante de mandar a dos personas para comprobar quién estaba trabajando o quién no.
He contestando mediante un correo que repetidamente me viene devuelto, pero para que no haya dudas me hago eco de la situación, esperando que sus representantes legales estén procurando al menos darle una solución, ya no solamente adecuada sino incluso rápida. A tal efecto unos y otros han de valorar la posibilidad de aplicar el artículo 21 de la Ley de Prevención de riesgos laborales al que podéis acceder pinchando aquí.
No cabe duda de que sufrimos tiempos difíciles y parece que más difíciles vendrán. Está más que claro que ahora hay que trabajar más que nunca, pero tampoco me cabe ninguna duda que para trabajar de forma eficiente se necesitan unas condiciones mínimas de salubridad, que han de exigirse rotundamente. De lo contrario estamos perdidos.
No será sin duda el único caso vivo al respecto, ni por supuesto el último episodio de este tipo del próximo verano, pero lo mínimo exigible es respeto a los funcionarios afectados y preocupación por resolver un problema y una situación injusta de forma rápida y eficaz, lejos de actitudes chulescas, fuera de tono y sobre todo de razón.
Vale más la autoridad que el poder, y la primera, sobre todo en estos casos, no se consigue con la fuerza precisamente, ni la eficiencia, ni la disposición, ni el trabajo.